El niño de tres años que el viernes cayó dentro de una boca de tormenta sin tapa en Villa Luján evoluciona favorablemente y ya no corre riesgo de desarrollar una neumonía, según el último parte médico difundido este martes desde el Hospital del Niño Jesús. La dirección del centro de salud confirmó que el paciente se encuentra clínicamente estable, en buen estado general, sin requerimiento de oxígeno y sin lesiones producto de la caída. Continúa con un esquema de antibióticos de siete días y, cuando pueda tomar la medicación por vía oral, recibirá el alta.
El anuncio trajo alivio a una familia que atravesó cuatro jornadas de incertidumbre. Durante el fin de semana el cuadro había sido presentado como favorable, pero el lunes los profesionales advirtieron que había ingresado líquido al organismo del pequeño y que presentaba mucosidad, lo que abría la posibilidad de una complicación respiratoria. Esa hipótesis quedó finalmente descartada.
El episodio ocurrió el viernes 31 de julio, cerca de las 18.40, en el pasaje Miguel Cané, a metros de la esquina con Saavedra. El chico caminaba de la mano de su tía rumbo a la plaza del barrio, junto a su madre, su hermano de 10 años y una beba de 10 meses. La familia había elegido esa cuadra justamente para evitar los desbordes cloacales de la avenida Ejército del Norte. Antes de llegar a la esquina, el nene pisó una superficie cubierta de barro que ocultaba el pozo abierto y se hundió por completo en aguas servidas.
El rescate lo hizo la propia familia. La tía intentó sacarlo de inmediato, pero el líquido volvió a tragarlo antes de que lograra sostenerlo. Una vez afuera, las mujeres le quitaron la ropa en plena calle para cortar el contacto con los efluentes y corrieron hasta la casa, ubicada a una cuadra y media, para bañarlo. El hermano mayor tuvo que hacerse cargo del traslado de la beba porque el cochecito quedó abandonado en el lugar. Nadie más intervino en el momento del accidente; la asistencia de los vecinos llegó recién al día siguiente. La familia destacó, en cambio, la rapidez con la que respondieron el 107 y el 911.
El impacto no fue solamente físico. El hermano de 10 años presenció toda la escena y estuvo dos días sin poder comer, con llanto y angustia persistentes. El propio nene de tres años repite todo el tiempo que se cayó en un pozo y tiene pesadillas desde entonces.
La familia dejó en claro que su reclamo no persigue una indemnización. Lo que exige es una respuesta institucional, el arreglo efectivo de la infraestructura urbana y que las autoridades se presenten a dar explicaciones y pedir disculpas a la madre del chico. La madre, además, advirtió públicamente que no piensa dejar de reclamar hasta que todos los pozos de la ciudad estén reparados.

El robo de tapas, el trasfondo del problema
El accidente reactivó una discusión que la empresa provincial de aguas viene planteando desde hace meses: la sustracción sistemática de tapas de bocas de tormenta. Desde la compañía informaron que en los últimos dos años debieron reponer alrededor de 400 de estos elementos en todo el territorio provincial, y que el ritmo de los robos supera ampliamente la capacidad de reposición.
Cada tapa tiene un costo aproximado de 200.000 pesos más impuestos, a lo que se suman los gastos de instalación y, en muchos casos, el reemplazo del marco donde se apoya. Están fabricadas en hierro fundido, un material con valor comercial que suele terminar vendido de manera ilegal como chatarra: ahí está el incentivo del delito. Los mayores inconvenientes se concentran en los sectores periféricos de la capital y en localidades del Gran San Miguel, donde también se registraron accidentes de motociclistas y daños en automóviles.
Como respuesta inmediata, la empresa anunció que comenzará a señalizar las bocas de tormenta que queden sin tapa, con carteles que adviertan del peligro y aclaren que el elemento fue sustraído, y que habilitará una línea telefónica para que los vecinos puedan denunciar los faltantes.
Cuatro años de reclamos en Villa Luján
Para los habitantes de Villa Luján, sin embargo, la explicación del robo no alcanza. Aseguran que el pozo del pasaje Miguel Cané llevaba cuatro años en malas condiciones y que lo habían denunciado en reiteradas oportunidades, con notas presentadas y fotografías que documentan el deterioro. La reparación llegó recién después del accidente: personal de la empresa selló la abertura, colocó una tapa nueva y señalizó el sector.
El diagnóstico de los vecinos es que el problema excede ese punto. Denuncian desbordes cloacales recurrentes, pérdidas de agua, barro contaminado y veredas que empezaron a hundirse por las filtraciones. Sostienen que las intervenciones anteriores fueron siempre parciales y que a los pocos días el desborde volvía a repetirse. El olor, en los días de calor, llegaba hasta el interior de las viviendas.
El caso también derivó en un cruce político. Mientras la conducción de la empresa provincial puso el foco en la ola de robos de tapas y en la falta de denuncias de los vecinos, concejales opositores atribuyeron lo ocurrido al abandono en el mantenimiento del mobiliario urbano y al deterioro de las redes en los barrios de la capital.
Por ahora, la familia espera el alta. Y el barrio espera algo más difícil de conseguir: que la solución no termine en la tapa que taparon el sábado.