El gobernador Osvaldo Jaldo vetó una ley sancionada por unanimidad por la Legislatura tucumana que proponía crear un sistema de monitoreo para evaluar la eficacia y el impacto de las normas aprobadas. La decisión, que representa el décimo veto de su gestión, generó desconcierto y malestar incluso dentro de sectores vinculados al oficialismo y volvió a poner en evidencia las diferencias internas del peronismo tucumano.
El proyecto había sido impulsado por la comisión de Digesto Jurídico y Modernización Legislativa, presidida por Carolina Vargas Aignasse, junto con legisladores de distintos sectores. En el recinto, la iniciativa había recibido respaldo unánime y, según la propia legisladora, había sido trabajada previamente con funcionarios del Gobierno. Sin embargo, el Poder Ejecutivo finalmente consideró que los mecanismos previstos podían avanzar sobre facultades que la Constitución reserva al Ejecutivo y decidió rechazarla por completo.
Más allá de la discusión jurídica, el episodio expone un problema político dentro del oficialismo: una iniciativa respaldada por la totalidad de la Cámara terminó siendo vetada por el propio gobernador, pese a que sus impulsores pertenecen al espacio peronista que sostiene al Gobierno. La situación genera interrogantes sobre el nivel de coordinación entre la Casa de Gobierno, la Legislatura y las distintas líneas internas del justicialismo.
El dato más significativo aparece en la relación entre Jaldo y el vicegobernador Miguel Acevedo. Fuentes parlamentarias interpretaron el veto como una diferencia institucional, pero también deslizaron que pudo haber existido una falta de comunicación entre ambos. Si una ley consensuada políticamente dentro de la Legislatura llega al Ejecutivo y es rechazada por invadir competencias, queda expuesta una falla en los canales de diálogo del oficialismo.
El conflicto también vuelve a mostrar las dificultades del peronismo tucumano para mantener una estrategia común. Mientras el Gobierno provincial intenta sostener el control político y administrativo, dentro de la Legislatura conviven dirigentes con distintas posiciones y aspiraciones. La falta de coordinación puede convertirse en un problema mayor en un escenario donde el oficialismo enfrenta el desafío de conservar su hegemonía y, al mismo tiempo, contener el crecimiento de nuevos espacios opositores.
El veto, por lo tanto, no representa solamente una discusión sobre las atribuciones constitucionales de los poderes del Estado. También funciona como una señal de las tensiones que atraviesan al peronismo tucumano, donde las diferencias entre dirigentes comienzan a quedar expuestas en decisiones institucionales concretas.