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27 de agosto de 2026

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DeepSeek y la nueva guerra digital: crece la preocupación por el uso de IA en ciberataques vinculados a China

El modelo de código abierto desarrollado en China encendió las alarmas de Washington y de las principales agencias de inteligencia occidentales. Informes revelan que grupos de hackers estatales están utilizando la herramienta para automatizar ataques en minutos, reduciendo costos y eludiendo las barreras de seguridad tradicionales.

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Escribe: Ezequiel Aguilera

Lo que hasta hace muy poco tiempo requería meses de planificación, batallones de ingenieros informáticos y presupuestos millonarios reservables únicamente a las grandes potencias mundiales, hoy se puede ejecutar desde una terminal con unos pocos clics y en cuestión de minutos.

El avance de la inteligencia artificial está modificando también el escenario de la ciberseguridad. En las últimas semanas, distintos informes de empresas especializadas pusieron el foco sobre el uso de DeepSeek, un modelo de IA desarrollado en China, por parte de grupos de hackers vinculados al régimen de Beijing. Según esas investigaciones, la herramienta habría permitido acelerar y ampliar operaciones que anteriormente requerían semanas o meses de trabajo.

El análisis de la firma taiwanesa TeamT5, citado por Bloomberg, sostiene que determinados grupos de ciberdelincuentes patrocinados por el Estado chino duplicaron la frecuencia y la escala de sus operaciones después de incorporar herramientas de inteligencia artificial a sus arsenales. DeepSeek aparece señalado como uno de los modelos utilizados para automatizar tareas que van desde la identificación de objetivos hasta la generación de código y la búsqueda de vulnerabilidades.

Una herramienta que reduce tiempos y recursos

Una de las principales preocupaciones de los especialistas está relacionada con la posibilidad de utilizar modelos de código abierto para automatizar distintas etapas de un ataque. Según los informes citados, estas herramientas pueden asistir en el reconocimiento de objetivos, el análisis de vulnerabilidades y el desarrollo de código utilizado durante una intrusión.

Charles Li, analista jefe de TeamT5, señaló que DeepSeek se convirtió en una herramienta atractiva para determinados actores debido a su capacidad y a las menores restricciones que presenta frente a otros modelos.

En pruebas comparativas mencionadas en los informes, modelos occidentales como Claude, de Anthropic, y Codex, de OpenAI, rechazaron solicitudes vinculadas con operaciones ofensivas, mientras que DeepSeek habría permitido ejecutar algunas de esas tareas. La diferencia refleja uno de los principales debates actuales en torno a la inteligencia artificial: cuánto deben limitarse las capacidades de los modelos para impedir usos maliciosos.

Palo Alto Networks también alertó sobre este fenómeno y describió un escenario en el que herramientas de IA pueden reducir drásticamente el tiempo necesario para desarrollar determinadas operaciones. En uno de sus análisis identificó a un actor que habría utilizado DeepSeek integrado al marco Hermes Agent, con Telegram como sistema de orquestación.

La preocupación llegó a los gobiernos

El debate dejó de estar limitado al ámbito de las empresas de ciberseguridad y comenzó a ocupar un lugar dentro de las discusiones sobre seguridad nacional.

Empresas estadounidenses como Anthropic y OpenAI han advertido públicamente sobre los riesgos asociados con determinados modelos chinos de código abierto y reclamaron mayores controles sobre su utilización. Uno de los puntos de discusión es la denominada “destilación”, un proceso mediante el cual un modelo puede aprender capacidades a partir de otro sistema más avanzado.

En Estados Unidos, algunos estados ya restringieron el uso de DeepSeek en dispositivos gubernamentales y en el Congreso fue presentado un proyecto para extender esa prohibición a nivel federal. También se conocieron restricciones en organismos y países aliados de Washington.

El argumento central de quienes impulsan estas medidas es que los modelos utilizados dentro de organismos públicos pueden tener acceso a información especialmente sensible, desde documentos internos hasta datos personales o estratégicos.

El otro frente: la privacidad de los datos

La controversia tampoco se limita a la capacidad de DeepSeek para asistir en operaciones ofensivas. La gestión de los datos de los usuarios constituye otro de los principales puntos de preocupación.

Investigaciones de especialistas en ciberseguridad señalaron que la política de privacidad de DeepSeek contempla el almacenamiento de información de los usuarios en servidores ubicados en China. Esto genera interrogantes especialmente relevantes cuando la herramienta es utilizada en empresas, organismos públicos o sectores que manejan información confidencial.

Expertos también cuestionaron determinados componentes técnicos de la plataforma y su potencial interacción con infraestructura vinculada a empresas chinas. Estas afirmaciones, al igual que otras denuncias sobre posibles mecanismos de extracción de información, son objeto de debate y requieren distinguir entre vulnerabilidades demostradas, investigaciones preliminares y escenarios potenciales.

DeepSeek no es el único modelo bajo la lupa

La preocupación occidental tampoco se concentra exclusivamente en DeepSeek. Otros modelos desarrollados en China, como Qwen, Kimi y GLM, también ganaron espacio internacional debido a sus prestaciones, costos y posibilidades de adaptación.

La expansión de estas herramientas plantea un desafío adicional para los gobiernos: mientras los modelos cerrados pueden estar sujetos a controles internos y mecanismos de seguridad definidos por sus desarrolladores, los modelos con pesos abiertos pueden ser modificados y adaptados por terceros.

Para las empresas, esa característica representa una ventaja tecnológica y económica, pero también puede convertirse en un riesgo cuando los modelos se incorporan a sistemas críticos sin controles adecuados.

La IA cambia el escenario de la guerra cibernética

Uno de los casos que más preocupación generó fue una investigación sobre un supuesto ataque contra organismos gubernamentales de Taiwán. Según los reportes citados, hackers vinculados a China habrían utilizado inteligencia artificial para automatizar distintas etapas de una intrusión que habría afectado cuentas gubernamentales y permitido acceder a información sensible.

Más allá de los detalles específicos de cada investigación, el fenómeno plantea un cambio significativo: la inteligencia artificial puede reducir la barrera de entrada para realizar operaciones cibernéticas complejas.

Hasta hace pocos años, una campaña sofisticada requería equipos numerosos y especialistas capaces de desarrollar manualmente herramientas, analizar objetivos y adaptar las técnicas utilizadas. La incorporación de agentes de IA puede automatizar parte de ese trabajo y permitir que grupos más pequeños ejecuten operaciones de mayor escala.

Un desafío que recién comienza

El debate sobre DeepSeek expone así una disputa tecnológica que excede a una empresa o a un modelo específico. Por un lado, la inteligencia artificial de código abierto permite reducir costos, acelerar la innovación y facilitar el acceso a herramientas avanzadas. Por otro, esas mismas características pueden ser aprovechadas por actores estatales, grupos criminales o atacantes independientes.

La discusión será especialmente relevante en sectores como defensa, energía, telecomunicaciones, servicios financieros y administraciones públicas, donde una eventual intrusión puede generar consecuencias que excedan ampliamente la pérdida de información.

El desafío para Occidente será encontrar un equilibrio entre innovación, apertura tecnológica y seguridad. La expansión de modelos chinos de bajo costo demuestra que la carrera por la inteligencia artificial ya no se desarrolla únicamente en los laboratorios: también se trasladó al terreno de la ciberseguridad, la geopolítica y la disputa por el control de los datos.

Y en esa nueva guerra digital, la capacidad de una inteligencia artificial para automatizar en minutos tareas que antes requerían cientos de horas puede convertirse, al mismo tiempo, en una enorme oportunidad tecnológica y en una nueva superficie de ataque.


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