Un ídolo tan grande como sus quilombos
Boca Juniors confirmó a través de sus canales oficiales la muerte de Carlos Horacio Salinas, el “Loco”, ocurrida este martes a los 70 años. El club no dio detalles sobre las causas del fallecimiento, pero la noticia bastó para que el recuerdo del tucumano volviera a instalarse en el ambiente futbolero: pocos jugadores de su generación combinaron tanto talento con semejante colección de anécdotas, líos y frases para el bronce.
El pibe de la Ciudadela que se probó con la Selección
Salinas nació el 20 de febrero de 1956 en el barrio Ciudadela de San Miguel de Tucumán, a cuatro cuadras de la cancha de San Martín, y era el menor de siete hermanos. A los 14 años se fue a Jujuy, invitado por su hermano Domingo, capitán de Gimnasia y Esgrima. Ahí, en un amistoso contra la Selección Fantasma que preparaba a la Argentina para jugar en altura ante Bolivia, dio el batacazo: entró en el segundo tiempo y les hizo un baile a todos. A los pocos días llegaron telegramas de River y San Lorenzo pidiéndolo. Eligió River, pese a haber sido hincha de Boca toda la vida.
El maracaneado que se paseó con la camiseta rival
Su paso por River duró poco, pero dejó una de las postales más recordadas del personaje: después de un clásico, Salinas se cambió la camiseta con un rival de Boca y, al otro día, fue a cobrar un premio al Monumental con la casaca xeneize puesta, paseándose por todo el hall de entrada. El propio presidente de River, Rafael Aragón Cabrera, lo frenó en seco preguntándole cómo se le ocurría aparecer así. Al mes lo vendieron a Chacarita.
El gol que lo hizo campeón del mundo
En 1978, Juan Carlos “Toto” Lorenzo lo llevó a Boca, donde se consagró campeón del Metropolitano, de la Copa Libertadores y de la Copa Intercontinental. En esta última, marcó el tercer gol en el 3 a 0 sobre el Borussia Mönchengladbach en Alemania, un tanto que quedó en la memoria de los hinchas xeneizes. César Luis Menotti llegó a lamentar públicamente no haber estado esa noche en Buenos Aires para verlo jugar.
Trompadas, botines voladores y una suspensión récord
El “Loco” no se llamaba así por casualidad. Le pegó al árbitro Abel Gnecco tras ser expulsado en un partido ante Huracán y se ganó una sanción de 25 fechas, una de las suspensiones más largas del fútbol argentino de la época. Poco después volvió a ser expulsado ante Estudiantes y, en otro amistoso, protagonizó una escena tan absurda como recordada: se sacó un botín en pleno partido y se lo tiró a un hincha.
Plata, autos y noches con Coppola
Con Boca ganando títulos, la vida de Salinas se volvió una fiesta permanente. Llegó a tener dos BMW y siete departamentos, y él mismo reconoció después haber salido de joda casi todas las noches, en un raid porteño que incluyó a Guillermo Coppola, al “Chino” Benítez y hasta un affaire con Adriana Brodsky. Esa vida nocturna, admitió, también le costó su primer matrimonio.
La llegada de Maradona (y la salida de Salinas)
Cuando Boca decidió comprar a un pibe que la estaba rompiendo en Argentinos Juniors —Diego Armando Maradona—, tuvo que salir a vender jugadores para bancar la operación. Así, Salinas, junto a Carlos Randazzo, Eduardo Rotondi y el arquero Osvaldo Santos, terminó en Argentinos a cambio de dos millones y medio de dólares. A él, en mano, le tocaron 250 mil dólares, una fortuna para la época. Ya en su nuevo club, convirtió el penal que condenó a San Lorenzo a perder la categoría por primera vez en la historia del club. Después probó suerte en Independiente, sin pena ni gloria, y se fue al fútbol colombiano, donde jugó para clubes financiados por el narcotráfico y llegó a reconocer, años más tarde, que jugaba drogado.
La balanza, la cárcel y la mejor excusa del mundo
En 1987 la policía allanó su casa y le secuestró cocaína —las crónicas de la época no coinciden si fueron 30 u 80 gramos— junto con marihuana y una balanza. Cuando le preguntaron por la balanza, Salinas no dudó: dijo que era para pesar las cartas que le mandaban sus admiradores. Pasó unos meses preso en Villa Devoto, donde según contó trabajaba en la cocina y organizaba partidos de fútbol entre los pabellones todas las tardes. También quedó en el anecdotario un episodio en Tucumán, cuando fue detenido por robar una carnicería bajo los efectos del alcohol, cargando carne, una máquina picadora y una balanza (otra vez una balanza) hasta su casa.
El campeón del mundo que terminó durmiendo en un bar de Once
Ya retirado a los 31 años, la caída de Salinas fue tan intensa como su ascenso. En una crónica que se volvió célebre, lo describieron desplomado en la silla de un bar porteño, con un bolso deportivo vacío, anunciando a los gritos que había sido campeón del mundo con Boca y que había llegado a tener un millón de dólares. Cuando le preguntaron qué había pasado con esa plata, la respuesta fue tan cruda como memorable: se la había gastado en mujeres y alcohol. En sus últimas décadas vivía en un departamento de Caballito, cobraba una jubilación de Boca y decía no necesitar nada más que una pizza y yerba para el mate.
Un personaje que se fue como vivió: sin filtro
Salinas murió a los 70 años dejando una imagen doble: la del futbolista que hizo historia con la camiseta de los dos clubes más grandes del país, y la del personaje entrañable y polémico que convirtió su propia decadencia en una sucesión de anécdotas dignas de película. Para varias generaciones de hinchas de Boca, más allá de todo, sigue siendo el ídolo que les regaló una noche de gloria en Alemania.