El episodio de El Niño que se desarrolla en el océano Pacífico ecuatorial todavía no tocó su techo. Las proyecciones más recientes indican una probabilidad superior al 80% de que el fenómeno alcance una intensidad excepcional entre octubre y diciembre, y los organismos internacionales no descartan que su influencia se extienda hasta los primeros meses del otoño de 2027.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) sostiene, en su último informe de diagnóstico, que hay más de un 90% de chances de que se trate de un evento “muy fuerte” y un 75% de que supere en magnitud a todos los registrados desde 1950. En septiembre, la anomalía de temperatura en el sector oriental del Pacífico ecuatorial llegó a superar los tres grados por encima de lo normal.
Por qué se habla de “Súper Niño”
La licenciada en Ciencias de la Atmósfera Brenda Dorsch explicó, en diálogo con La Gaceta, que la categoría del fenómeno depende de cuánto se aparta la temperatura superficial del mar respecto de sus valores habituales. Cuando esa diferencia cruza determinados umbrales, el episodio pasa a considerarse más intenso; hoy la anomalía ya supera los dos grados, lo que justifica el uso del término.
Conviene aclarar que “Súper Niño” no es una clasificación oficial de los servicios meteorológicos, sino una expresión de uso extendido para describir los eventos de magnitud extraordinaria. La NOAA, por ejemplo, prefiere hablar de episodios “muy fuertes”.
La especialista remarcó además que una mayor intensidad no se traduce automáticamente en más lluvia en todo el territorio. El fenómeno reorganiza la circulación atmosférica a escala global: mientras algunas regiones reciben precipitaciones abundantes, otras pueden atravesar sequías más marcadas, y en las zonas donde habitualmente llueve más durante El Niño, los episodios pueden presentarse con mayor violencia.
Qué se espera en Tucumán
Según Dorsch, los pronósticos disponibles sitúan a la provincia en una franja de transición entre las regiones con lluvias por encima de lo normal y aquellas con valores por debajo del promedio. Por eso, el escenario más probable no es una temporada con más milímetros acumulados, sino una con tormentas más intensas y de corta duración.
Ese matiz coincide con el último pronóstico trimestral del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) para octubre, noviembre y diciembre, que concentra la señal de lluvias superiores a lo normal en el Litoral y ubica a sectores del oeste del NOA, incluido parte de Tucumán, en un escenario de precipitaciones inferiores a las habituales.
El riesgo, entonces, está en la concentración. Aunque el total de la temporada no supere los registros históricos, una descarga de gran volumen en pocas horas puede desbordar la capacidad de desagües, alcantarillas y canales, sobre todo en los barrios más vulnerables del Gran San Miguel de Tucumán. La provincia tiene un antecedente cercano: en marzo de este año, un temporal de alrededor de 170 milímetros provocó evacuaciones, calles intransitables y la suspensión de las clases.
La especialista aclaró que los pronósticos estacionales sirven para marcar tendencias generales, pero no permiten anticipar qué ocurrirá en una localidad puntual dentro de varios meses. Para eso, recomendó seguir los pronósticos de corto plazo y las alertas que emite el SMN ante la llegada de tormentas.
Efectos dispares según la región
En el resto del país, la mayor preocupación se concentra en el Litoral. Las áreas ribereñas del Paraná y del Uruguay, con antecedentes de inundaciones, son las más expuestas a crecidas, y en los últimos días ya se registraron evacuados por el aumento del caudal de los ríos.
Dorsch señaló que el fenómeno no tiene por qué ser negativo en todos los casos. En el agro, el exceso de agua puede perjudicar los cultivos cuando el suelo no logra absorberla, pero en otras condiciones las lluvias pueden mejorar los rendimientos. Sacar provecho de esa situación, sostuvo, depende de la planificación y de la coordinación entre quienes elaboran los pronósticos y los responsables de cada actividad productiva.
El papel del cambio climático
Uno de los interrogantes abiertos es si el calentamiento global aumentará la frecuencia de estos episodios extremos. La especialista recordó que ya hubo eventos de enorme magnitud en décadas anteriores, como el de fines de los años 90 o el de 2015-2016, pero indicó que todavía no hay evidencia suficiente para afirmar que los “Súper Niños” vayan a repetirse en intervalos más cortos.
Más allá de esa incertidumbre, consideró que los gobiernos deben apoyarse en la información científica para anticiparse a los impactos, y que la prioridad ya no pasa solo por mitigar el cambio climático sino por prepararse para sus consecuencias. También subrayó que, al tratarse de fenómenos de alcance global, las respuestas requieren coordinación entre países.
Hasta cuándo duraría
De acuerdo con las proyecciones de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la fase cálida podría mantenerse al menos hasta febrero y prolongarse hasta comienzos del otoño de 2027. La NOAA, por su parte, estima que el pico de intensidad se daría entre fines de este año y el inicio del próximo.
La duración y la magnitud final dependerán de cómo evolucionen las condiciones del océano y la atmósfera en los próximos meses. Por eso, los especialistas insisten en seguir las actualizaciones de los organismos oficiales y evitar conclusiones anticipadas sobre lo que ocurrirá en cada localidad.