El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas realizó este viernes en Nueva York una nueva ronda de votación secreta e informal para definir al sucesor de António Guterres, cuyo mandato como Secretario General finalizará en diciembre de 2026. Tras la deliberación a puertas cerradas de los 15 países miembros, la contienda diplomática quedó prácticamente concentrada en tres nombres de peso: Carolyn Rodrigues-Birkett (Guyana), Rebeca Grynspan (Costa Rica) y el argentino Rafael Grossi, actual director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
El escrutinio de los sufragios informales (straw polls) ubicó en primer lugar a Rodrigues-Birkett con 8 votos a favor (Encouraged), 3 en contra (Discouraged) y 4 abstenciones (No opinion). La guyanesa tuvo una leve caída, ya que venía de cosechar 9 apoyos en la ronda anterior.
En segundo término quedaron alineados Grynspan y Grossi, ambos con 7 respaldos positivos. La candidata costarricense registró un retroceso más pronunciado al pasar de 10 a 7 votos a favor (sumando además 4 en contra y 4 abstenciones). Por su parte, la postulación del argentino Grossi mostró firmeza al consolidar su piso de 7 apoyos positivos (con 6 votos en contra y 2 abstenciones), situándolo en una posición expectante ante el análisis de los pasillos diplomáticos.
En contraste, otras candidaturas de relieve internacional como las de las expresidentas Michelle Bachelet y María Fernanda Espinosa quedaron relegadas a un plano casi testimonial debido a los escasos apoyos reunidos.
La clave geopolítica: el veto de los “5P”
Para alzarse con la conducción del organismo multilateral se requiere reunir un piso mínimo de 9 votos favorables y ningún veto de los miembros permanentes. La definición real comenzará a mediados de septiembre, cuando entre en juego la boleta diferenciada para los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad: Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Francia. En esa instancia, cualquiera de estas potencias podrá ejercer de manera anónima su derecho a veto, lo que descartaría de forma automática al aspirante objetado.
El contexto internacional añade una alta dosis de fricción al proceso. La agenda impulsada por la administración de Donald Trump en Washington —orientada a reducir la burocracia multilateral y ajustar los programas de la ONU— choca de frente con las posturas del chino Xi Jinping y el ruso Vladimir Putin.
El postulante que logre sortear los vetos cruzados y demostrar la flexibilidad diplomática necesaria para conformar a las tres superpotencias asumirá la conducción de las Naciones Unidas antes de fin de año.