China dio un nuevo salto en una de las competencias científicas más ambiciosas del planeta: fabricar energía limpia y prácticamente inagotable. El Instituto de Física del Plasma de la Academia China de Ciencias (ASIPP) anunció que terminó de construir el imán superconductor más grande jamás fabricado para un reactor de fusión nuclear, una pieza central del programa conocido popularmente como el “sol artificial”.
El desarrollo se enmarca en el proyecto EAST (Experimental Advanced Superconducting Tokamak), que persigue un objetivo tan simple de enunciar como difícil de conseguir: unir átomos para liberar energía, tal como ocurre en el interior del Sol. A diferencia de las centrales nucleares actuales, que parten núcleos pesados, la fusión promete enormes cantidades de electricidad con menos residuos y a partir de materiales abundantes en la naturaleza.
Una jaula invisible para un gas a 100 millones de grados
El principal obstáculo técnico es el control del plasma, un gas extremadamente caliente que dentro del reactor alcanza temperaturas cercanas a los 100 millones de grados. Ningún material conocido resiste ese contacto, por lo que el combustible debe mantenerse suspendido, sin tocar las paredes de la máquina.
Ahí entra en juego el nuevo componente. El imán, con forma de D, mide 21 metros de largo por 12 de ancho y pesa 582 toneladas. Su función es generar un campo magnético capaz de confinar el plasma y sostener la reacción de manera estable durante períodos cada vez más prolongados, un requisito indispensable para que algún día la fusión produzca energía de forma continua.

Seis años de trabajo y tecnología 100% propia
Desde el equipo responsable destacaron que todo el proceso se realizó con desarrollo nacional, desde los materiales especiales hasta el ensamblaje final. La fabricación demandó seis años e implicó la obtención de 47 patentes y la creación de 25 estándares industriales, además de mejoras en la eficiencia de los materiales y una reducción significativa de algunos costos de producción.
Cuándo podría llegar a los hogares
Pese al entusiasmo, la fusión todavía está lejos de reemplazar a las fuentes de energía actuales. Persisten desafíos vinculados al costo, a la estabilidad de las reacciones y a la construcción de plantas capaces de operar a escala comercial.
El cronograma chino apunta a completar el reactor experimental en 2027 y a comenzar la generación eléctrica por fusión alrededor de 2030. Si esos plazos se cumplen, el mundo estaría frente a una de las mayores transformaciones energéticas de la historia: electricidad en gran volumen, con menor impacto ambiental y sin dependencia de los combustibles fósiles.