Economía

30 de agosto de 2026

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“Cuando murió el dinero”: A 80 años de la hiperinflación húngara de 41.900.000.000.000.000% mensual

Entre 1945 y 1946, Hungría sufrió la peor hiperinflación de la historia. Los precios variaban un 207% por día.

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Escribe: Enzo Ferreira

Argentina pasó muchos procesos inflacionarios e incluso hiperinflacionarios, pero estuvo lejísimos de alcanzar el tope

Argentina pasó muchos procesos inflacionarios e incluso hiperinflacionarios, pero estuvo lejísimos de alcanzar el tope máximo que haya conocido la humanidad en cuanto a una tasa mensual de inflación. Entre agosto de 1945 y julio de 1946, Hungría tuvo la peor crisis económica que se haya visto, llegando al estratosférico número de 41.900.000.000.000.000 % (cuarenta y un trillones, novecientos billones por ciento) mensual. Una locura que solo es posible cuando se ve a la emisión como la solución.

La inflación es la expansión de la oferta monetaria, que provoca un aumento sostenido y general en los precios. La hiperinflación es una inflación extremadamente alta, que en Argentina solo se vivió bajo el gobierno radical de Ricardo Alfonsín con 3.079% anual en 1.989. Puntualmente, hablamos de hiperinflación cuando la inflación supera el 50% mensual. Para tomar idea de la gravedad del caso, la Argentina de Alfonsín tuvo 196,6% mensual, mientras que Hungría de la URSS padecía de hasta 207% diario, los precios se duplicaban cada 15 horas. O sea, entre 6 AM y 9PM el precio para el mismo producto era el doble; o dicho de otra manera, el dinero perdía la mitad de su valor.

¿Cómo se llegó a semejante catástrofe?

Luego de la Segunda Guerra Mundial, la economía húngara quedó devastada. La guerra se llevó puesta alrededor del 40% de la riqueza del país , y se estima que el 80% de Budapest -capital húngara- terminó en ruinas . Con su infraestructura destruida; alrededor del 50% de las líneas ferroviarias hechas trizas; fábricas enteras reducidas a escombros; alrededor de 750.000 muertes; reparaciones de guerra ( entre ellas, prometidas a los soviéticos por valor de 300 millones de dólares) y los costes de la ocupación soviética, donde el Ejército Rojo, que ocupaba el país, no solo confiscó recursos y bienes como «compensación», sino que incluso emitió su propia moneda, el pengő, sin respaldo, se dio el escenario de la catástrofe económica. Las altas exigencias externas, la nula recaudación y la emisión sin control dieron como resultado un infierno monetario.

El mercado de trueques más grande de Hungría, ubicado en Budapest.

Situación política

Durante la posguerra, el gobierno que quedó al mando era débil. Un gobierno de coalición en 1945-1946 tuvo dificultades para gobernar junto a los comunistas respaldados por la Unión Soviética. Uno de los principales problemas fue la casi nula recaudación de impuestos tras el caos humanitario. A un país quebrado lo acompañaba una evidente insuficiencia de ingresos, altos costos de guerra y reparaciones. La única salida que encontraba el gobierno fue la impresión de dinero de manera descontrolada. Los soviéticos alentaron dicho disparate para liquidar a la clase media con la desvalorización de su moneda y aglutinar a gran parte de la población en la indigencia, como en todo sistema comunista.

El comienzo del caos

En agosto de 1945, los precios en Hungría comenzaron a subir rápidamente, y luego de forma descontrolada. En julio de 1946, la tasa de inflación alcanzó un número sin sentido 41,9 billones por ciento. Los manotazos de ahogado comenzaron a finales de 1945, cuando el gobierno impuso un elevado impuesto del 75% sobre el patrimonio, que obligaba a los ciudadanos a comprar sellos por un valor equivalente al triple de un billete y pegarlos en los billetes de pengő de alta denominación. Los billetes sin sellos perdieron prácticamente todo su valor. Este impuesto único frenó temporalmente la cantidad de dinero que circulaba por las calles, pero la inflación reanudó su espiral ascendente poco después.

Después de que el pengő perdiera demasiado valor como para poder contarlo, el gobierno emitió billetes denominados en milpengő y, posteriormente, billió pengő , o (un billón de pengő). Esta convención permitió reutilizar las planchas de impresión con solo un cambio de color y una nueva etiqueta, en lugar de diseñar billetes completamente nuevos por cada cero adicional. Esto fue inerte, todo siguió igual y peor. 

La escala máxima del descalabro y la vida cotidiana en Hungría 

En julio de ese año, el Banco Nacional de Hungría emitió el billete de 100 millones de pengő húngaros , el cual ostenta el triste récord de ser el billete de mayor denominación jamás emitido para su circulación en el mundo. Lo peor es que esto solo equivalía a 20 centavos, lo que alcanzaba -con suerte- para un caramelo. Al ser denominaciones muy altas, la gente ya no llamaba a los billetes por sus números, sino por sus colores. Pedían billetes azules o rojos. 

Billete de 100.000.000 de pengos húngaros, el de máxima denominación en la historia

Entre 1945 y 1946 la vida de los húngaros fue una pesadilla. El colapso del pengő arrasó con los ahorros, la clase media pasó de repente a la indigencia, todos se convirtieron en pobres, aquí nace la frase traumática “cuando murió el dinero”. Así murió el comercio y el consumo, el dinero ya no tenía valor y los bienes reales pasaron a ser la nueva moneda. Joyas, porcelana, ropa, accesorios y demás, fueron cargados por los húngaros que viajaban al campo para intercambiarlos por alimento. Las fotos de la época muestran billetes usándose como combustible para el fuego o como papel tapiz , ya que eran más abundantes que el combustible y más baratos que el papel en blanco. Una imagen de 1946 muestra a una mujer encendiendo su cigarrillo con una antorcha hecha de billetes de pengő.

Mujer húngara prendiendo un cigarro con 100 millones 

Los salarios de los trabajadores se quedaron hechos cenizas. Muchos jefes comenzaron a pagar a los empleados con alimentos o bienes. Las pensiones o asistencias perdían la mitad de su valor entre el momento que eran recibidas por los beneficiarios y la hora en la que iban a comprar. Los servicios públicos y las empresas tuvieron dificultades para funcionar. Muchos comerciantes decidieron cerrar sus negocios y el desempleo se disparó. Apenas se efectuaban los pagos, la gente corría desde su trabajo hasta las tiendas para comprar cualquier cosa de valor real. La maquinita terminó con las clases sociales, todos eran pobres y la gran mayoría indigentes. 

¿Cómo se le puso fin a la hiperinflación? 

El 1 de agosto de 1946, Hungría decide que el florín sea su nueva moneda. El nuevo tipo de cambio era: 400.000.000.000.000.000.000.000.000.000 pengő antiguo = 1 florín. La totalidad de pengós circulantes solo representaban 0,19 florines . Eso llevó a que la masa monetaria del país pase a valer menos de una quinta parte de un florín. El programa de estabilización no solo constó en la introducción de una nueva moneda. También se decidió detener la impresión de billetes para no generar aumento de la oferta monetaria; instituir nuevos impuestos (y garantizar su recaudación) y cubrir el gasto público sin inflación. 

El Banco Nacional acumuló todos los activos tangibles que pudo, incluyendo la recuperación de las reservas de oro evacuadas al extranjero durante la guerra, para generar confianza en el florín. Acá se enviaron 22 toneladas de oro, lingotes y monedas desde Alemania. Los precios se controlaron de inmediato tras la introducción del florín, y la gente confiaba en él. La inflación descendió a niveles normales a finales de 1946 , poniendo fin a la pesadilla. La hiperinflación duró apenas un año, pero su impacto dejaría una profunda huella en la economía y la mentalidad de Hungría durante décadas.


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