Cultura

27 de agosto de 2026

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El aviso de Byung-Chul Han sobre la sociedad del ruido: “En el futuro habrá una profesión llamada oyente”

El filósofo surcoreano-alemán sostiene que la sociedad contemporánea habla cada vez más, pero escucha cada vez menos. Para Han, la pérdida de la escucha auténtica podría convertir una capacidad humana básica en un servicio profesional.

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Escribe: Ezequiel Aguilera

En un mundo marcado por la hiperconexión, la sobreexposición en redes y la prisa cotidiana, el acto de escuchar se ha convertido en un bien escaso.

Una de las voces más influyentes del pensamiento contemporáneo, volvió a poner el foco sobre uno de los problemas menos visibles de la vida moderna: la pérdida de la capacidad de escuchar. Su planteo parte de una paradoja: en una sociedad hiperconectada, donde las personas pueden comunicarse permanentemente, cada vez resulta más difícil encontrar a alguien dispuesto a prestar una atención verdaderamente genuina.

“En el futuro habrá, posiblemente, una profesión que se llamará oyente. Acudiremos al oyente porque, aparte de él, apenas quedará nadie más que nos escuche”, sostiene Han. La frase resume una de sus principales preocupaciones: que escuchar, una práctica que históricamente formó parte de los vínculos familiares, amistosos y comunitarios, termine convirtiéndose en una prestación que deba contratarse.

Para el filósofo, escuchar no significa simplemente permanecer en silencio mientras otra persona habla. Implica ofrecer tiempo, atención y disposición hacia el otro. Han define esa actitud como “un prestar, un dar, un don”, porque considera que la escucha auténtica permite que quien habla encuentre incluso aquello que todavía no sabía cómo expresar.

Hablamos cada vez más, pero escuchamos cada vez menos

Han vincula este fenómeno con su concepto de “sociedad del rendimiento”, una sociedad en la que la productividad, la exposición y la necesidad de mostrarse atraviesan incluso las relaciones personales.

En ese contexto, las conversaciones pueden transformarse en una sucesión de intervenciones donde cada participante busca contar su propia experiencia, defender su posición o demostrar que tiene algo para decir. El interlocutor deja de ser alguien a quien descubrir y pasa a convertirse, muchas veces, en una oportunidad para reafirmarnos.

La cultura de la exposición permanente también reduce los espacios de silencio. Para Han, el silencio no representa necesariamente incomodidad o ausencia de comunicación. Por el contrario, puede ser el momento en el que una persona encuentra las palabras necesarias para expresar aquello que realmente piensa o siente.

La respuesta inmediata, en cambio, puede interrumpir ese proceso. El impulso de contestar, aconsejar o reaccionar rápidamente termina desplazando la atención desde quien habla hacia quien escucha.

El “colapso del otro”

Otro de los conceptos centrales en el análisis de Han es el “colapso del otro”. Con esta idea describe la dificultad creciente para reconocer al interlocutor como alguien diferente, capaz de cuestionar nuestras propias certezas.

Las conversaciones, según esta mirada, corren el riesgo de convertirse en espacios de confirmación. Buscamos personas que piensen como nosotros, consumimos contenidos que coinciden con nuestras ideas y evitamos aquello que puede incomodarnos.

La verdadera escucha, en cambio, supone aceptar la existencia de alguien que no somos nosotros. Escuchar implica dejar temporalmente en suspenso nuestras propias opiniones para permitir que la experiencia del otro tenga lugar.

¿Un futuro en el que habrá que pagar para ser escuchado?

La advertencia de Han adquiere una dimensión particular en una época marcada por las redes sociales, los teléfonos inteligentes y la comunicación permanente. Nunca hubo tantas posibilidades para hablar, publicar y transmitir información, pero eso no necesariamente significa que exista más escucha.

Su hipótesis sobre la aparición de una profesión dedicada exclusivamente a escuchar funciona, en ese sentido, como una provocación filosófica: ¿qué sucede cuando una capacidad básica de las relaciones humanas comienza a desaparecer?

Aunque existen profesionales cuya tarea implica escuchar —como psicólogos, terapeutas y consejeros—, Han apunta a algo más profundo. Se refiere a una función que tradicionalmente cumplían los amigos, las familias, las parejas o incluso las comunidades: estar presentes ante el otro sin necesidad de producir inmediatamente una respuesta.

La paradoja es evidente: mientras la tecnología permite estar conectados prácticamente todo el tiempo, la atención humana se vuelve cada vez más escasa.

Para Han, recuperar la capacidad de escuchar no sería solamente mejorar nuestras conversaciones. Sería también volver a reconocer al otro como alguien que merece nuestro tiempo, nuestra atención y nuestra presencia. Y quizás allí radique la verdadera advertencia detrás de aquella inquietante frase: que en el futuro no nos falte gente para hablar, sino personas capaces de escucharnos.


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