La reciente detención de Facundo Moyano reavivó el interés sobre una de las familias más influyentes del sindicalismo argentino. Sin embargo, el episodio judicial representa apenas un capítulo dentro de una historia mucho más amplia: la del clan que Hugo Moyano construyó durante más de tres décadas alrededor del Sindicato de Camioneros y que logró extender su influencia hacia la CGT, la política nacional, el mundo empresarial e incluso el fútbol argentino.
A sus 82 años, Hugo Moyano continúa siendo el líder indiscutido de la organización. Aunque atravesó complicaciones de salud en los últimos años, mantiene el control de las decisiones estratégicas del gremio y conserva la autoridad sobre una estructura que lo convirtió en uno de los dirigentes sindicales más poderosos del país. A su alrededor se consolidó un entramado donde cada integrante de la familia ocupa un rol específico en el plano gremial, político o empresarial.
Dentro de ese esquema, Pablo Moyano aparece como el dirigente con mayor peso sindical y el principal heredero natural de la conducción. Tras un período de distanciamiento, regresó a la actividad cotidiana para contener las tensiones internas de Camioneros. Sin embargo, su histórica confrontación con Liliana Zulet y la creciente influencia de Jerónimo Moyano, el hijo menor de Hugo, reflejan que la disputa por el liderazgo está lejos de resolverse.
El informe también muestra que el poder del moyanismo va mucho más allá del sindicato. Mientras Facundo desarrolló un perfil político propio al frente del SUTPA, Hugo Antonio concentra la estrategia jurídica del gremio y ocupa una banca en el Congreso. Karina representa a Camioneros en las 62 Organizaciones Peronistas, Paola mantiene el histórico vínculo familiar con el fútbol a través de su relación con Claudio “Chiqui” Tapia y Liliana Zulet administra el holding de empresas que gira alrededor del universo camionero.
Aunque Hugo Moyano sigue teniendo la última palabra, el informe sostiene que la sucesión ya comenzó. Las diferencias internas, el regreso de Pablo a la conducción y el ascenso de Jerónimo evidencian una disputa silenciosa por el control del gremio. El principal desafío del moyanismo ya no parece ser conservar el poder, sino administrar el recambio generacional sin poner en riesgo la cohesión de una de las estructuras sindicales más relevantes de la Argentina.
Fuente: Clarín