El Gobierno nacional puso en marcha un esquema de prevención ante el posible impacto del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) durante los próximos meses. El fenómeno se caracteriza por un calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico que puede modificar los patrones de precipitaciones en distintas regiones del país. Según las proyecciones presentadas por la Dirección Nacional de Emergencias Sanitarias (DINESA), las probabilidades de que el evento alcance una intensidad fuerte o muy fuerte aumentan considerablemente a partir de la primavera austral, por lo que agosto, septiembre, octubre y noviembre aparecen como meses de especial atención.
La posibilidad de un “Súper Niño” representa un escenario de mayor intensidad del fenómeno y, por lo tanto, de mayor riesgo de precipitaciones extraordinarias e inundaciones. La preocupación se concentra especialmente en el Nordeste y el Litoral, aunque también son monitoreadas zonas de Buenos Aires, Córdoba y Cuyo. Los datos históricos utilizados por las autoridades identifican 5.476.680 hectáreas potencialmente inundables, donde viven unas 920.211 personas. Además, esas áreas comprenden cientos de kilómetros de rutas nacionales y provinciales y atraviesan infraestructura crítica, como 483 kilómetros de líneas de alta tensión.
Frente a este escenario, el Ministerio de Salud prepara una respuesta que busca pasar de una lógica exclusivamente reactiva a una estrategia basada en prevención, planificación y coordinación federal. Entre las medidas se encuentra la limpieza de canales para favorecer el escurrimiento del agua y la identificación anticipada de hospitales que podrían quedar afectados o sobrepasados por una emergencia. La idea es que Nación y provincias compartan un inventario de recursos disponibles para poder movilizarlos rápidamente allí donde sean necesarios.
Uno de los principales recursos será el Equipo de Respuesta Médica Extra Hospitalaria (ERMEH), un hospital de campaña que ya fue utilizado durante las inundaciones de Bahía Blanca en 2025. La unidad puede instalarse en aproximadamente 72 horas ante el pedido de una jurisdicción y dispone de 60 camas de internación y ocho de cuidados intensivos, funcionando como respaldo ante hospitales inundados o desbordados por la llegada de evacuados. Su operación tiene un costo estimado de unos $5 millones diarios.
La preparación también incorpora una nueva dimensión tecnológica: una central de monitoreo capaz de generar mapas dinámicos en tiempo real sobre inundaciones, lluvias, incendios y otros eventos. El sistema integra información proveniente de organismos científicos y técnicos, entre ellos el Servicio Meteorológico Nacional, CONAE, el Instituto Geográfico Nacional, CONICET, SENASA, Parques Nacionales e INDEC. DINESA, además, pasó a integrar la red de organismos vinculados al Sistema Nacional para la Gestión Integral del Riesgo, reforzando la coordinación con las estructuras nacionales de emergencia.
El desafío, por lo tanto, no pasa solamente por responder cuando el agua ya llegó, sino por anticipar dónde puede producirse el impacto y qué recursos serán necesarios para contenerlo. El Gobierno busca que la información meteorológica, territorial, sanitaria y de infraestructura pueda cruzarse para tomar decisiones con mayor rapidez y precisión ante un eventual episodio de lluvias extremas.