San Miguel de Tucumán se alista para celebrar un hito largamente esperado en materia de preservación patrimonial y urbana. Las obras integrales de restauración de la histórica Iglesia San Francisco finalizarán el próximo 4 de octubre, fecha en la que el templo reabrirá definitivamente sus puertas a la comunidad, en coincidencia con la festividad litúrgica de San Francisco de Asís.
La confirmación se concretó tras la última inspección técnica realizada en el histórico inmueble ubicado en la intersección de las calles San Martín y 25 de Mayo. La intervención no solo recupera una de las joyas arquitectónicas más valiosas de la ciudad, sino que devuelve a los tucumanos un espacio central del proceso emancipador argentino.
Un testigo clave de las gestas patrióticas
El templo franciscano encierra un valor fundacional ineludible para la memoria histórica de la provincia y la nación:
Hospital de sangre en 1812: Tras la victoria del Ejército del Norte comandado por el general Manuel Belgrano en la Batalla de Tucumán, el edificio y su convento albergación la atención de urgencia de los soldados caídos y heridos en combate.
Alojamiento de los congresales en 1816: Cuatro años más tarde, las dependencias del convento sirvieron de hospedaje para varios de los diputados que llegaron a la provincia para sesionar en el Congreso Patriótico y declarar la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Rescate frente a la ruina: Pese a contar con la máxima jerarquía de protección patrimonial, el deterioro estructural acumulado por décadas de infiltraciones y asentamientos del suelo puso en riesgo severo la estabilidad del edificio, tornando indispensable la intervención.
Ingeniería de precisión y la revelación de la paleta original
Para sanear las patologías edilicias acumuladas en la estructura, el plan de restauración requirió tareas de alta complejidad técnica. Entre las principales intervenciones se ejecutó un recalce integral de las cimentaciones, el sellado de grietas profundas originadas por movimientos diferenciales del terreno y la reconstrucción artesanal de las columnas del claustro interior. En paralelo, se concretó la puesta en valor de la fachada mediante la renovación completa del frente, respetando las molduras y ornamentaciones históricas. Asimismo, la intervención puso fin al mito del color ocre que caracterizó al templo durante el último siglo: estudios estratigráficos realizados sobre los muros determinaron que la paleta cromática original combinaba el azul celeste como base con detalles en tonos rosa y amarillo, combinación científica que fue finalmente restituida en el frente actual.
Si bien las etapas iniciales de estabilización estructural contaron con aportes nacionales, la fase decisiva destinada a la recuperación del interior del templo, luminarias y terminaciones de la nave central fue afrontada con recursos del presupuesto municipal.
Esta etapa final demandó un presupuesto de $200 millones asignado en marzo pasado, inversión que permitió dar continuidad ininterrumpida a los trabajos técnicos y cumplir con el objetivo fijado para que el patrimonio histórico vuelva a abrir sus puertas a vecinos y visitantes este 4 de octubre.