Cada primero de agosto, la escena se repite en hogares, oficinas, cafés y esquinas de Tucumán: antes de probar bocado y en las primeras horas de la mañana, llega el turno del infaltable sorbo de ruda. Ya sea a través del tradicional trago de caña macerada o mediante infusiones calientes para quienes prefieren evitar el alcohol a primera hora, la consigna comunitaria se mantiene intacta desde hace siglos: “espantar los males de invierno”, atraer la buena suerte y rendir tributo a la Pachamama.

Farol de la cultura popular en la región, este hábito trasciende el mero acto supersticioso para convertirse en un fenómeno de encuentro social. Pero, ¿de dónde surge esta fé ciega en una hierba de aroma penetrante y sabor amargo?
El origen: combatir los fríos y renovar las energías
Las raíces de este ritual se hunden en los saberes de los pueblos originarios del cono sur, particularmente de la cultura guaraní y los pueblos andinos. Históricamente, agosto era considerado el mes más complejo del calendario agrícola y climático: las bajas temperaturas, las heladas tardías y la escasez de cosechas traían consigo un pico de enfermedades respiratorias que afectaban gravemente tanto a las personas como al ganado.
Para contrarrestar lo que en el imaginario colectivo se denominaba “el mes flaco” o “el mes de las pestes”, los pobladores acudían a la ruda machacada (Ruta chalepensis), una planta a la que se le atribuían extraordinarias propiedades medicinales, digestivas y antiparasitarias. Combinada con licores de caña o en brebajes calientes, la mezcla servía como un reconstituyente para entrar en calor y blindar el organismo.
Con el correr de las décadas, la veneración a la Madre Tierra por el reinicio del ciclo agrícola se fusionó con este remedio casero, dando paso a una tradición que sobrevivió al paso del tiempo y a la urbanización.
¿Tres tragos, siete o infusión?
Dentro de la ortodoxia popular existen reglas precisas para que el “hechizo” de la ruda surta efecto:
- En ayunas: La toma debe realizarse apenas al despertar, con el estómago vacío, para permitir que el cuerpo absorba la “energía protectora”.
- Los sorbos: La tradición oral más difundida indica que deben ser tres tragos de corrido. Sin embargo, en muchas familias se acostumbra a tomar siete sorbos o incluso un solo trago largo sin respirar.
- El té como alternativa moderna: Si bien la caña con ruda macerada desde el año anterior es la postal más clásica, el té de ruda (solo o combinado con limonada, miel o menta) ha ganado un enorme terreno en la vida cotidiana actual.
¿Qué pasa si te olvidaste de prepararlo a tiempo?
Aquellos despistados o quienes no consiguieron su botellita macerada a tiempo, no desesperen. La sabiduría popular guarda un margen de tolerancia. Si bien el 1° de agosto es el día central del tributo a la Pachamama, los referentes culturales de la región recuerdan que el ritual puede convidarse y realizarse durante todo el mes.
A fin de cuentas, más allá de la mística y los debates sobre su efectividad medicinal, la costumbre de la ruda sigue cumpliendo su función más valiosa: detener por un minuto la vorágine diaria para encontrarse con el otro, desearle salud y celebrar las raíces que nos unen.