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19 de agosto de 2026

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Streaming vs. TV paga: cómo cambió la forma de ver televisión y películas en Argentina

Pese a la consolidación de las plataformas bajo demanda y del auge de los canales de streaming nativos, la televisión tradicional mantiene su vigencia en siete de cada diez hogares del país. El costo mensual y la preferencia por los deportes en vivo marcan la pauta del consumo.

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Escribe: redactor_1

La forma en que los argentinos consumen entretenimiento audiovisual atraviesa una profunda transformación. Si bien

La forma en que los argentinos consumen entretenimiento audiovisual atraviesa una profunda transformación. Si bien en los últimos años la irrupción de las plataformas de streaming revolucionó la dinámica frente a la pantalla, en el país el fenómeno adquirió matices particulares: en lugar de un reemplazo definitivo de la televisión paga, el escenario actual muestra un ecosistema híbrido donde ambos formatos conviven diariamente.

El acceso a estos servicios estuvo condicionado históricamente por el costo de las conexiones a internet y la penetración paulatina de la conectividad en el interior. Sin embargo, el panorama se afianzó y la adopción de dispositivos inteligentes se convirtió en la norma.

El Smart TV como centro del hogar y el peso del presupuesto 

El televisor se sostiene como el principal punto de reunión del hogar, utilizado tanto para la visualización de programas como para los videojuegos. Según datos del sector, al menos 7 de cada 10 hogares cuentan con un Smart TV.

Esta presencia de equipos inteligentes facilitó que más del 61% de los hogares posea al menos una suscripción a servicios de streaming a demanda. No obstante, más de la mitad de ese grupo complementa la oferta digital con televisión por cable o satelital. En este ecosistema, YouTube lidera las preferencias de consumo gratuito, mientras que Flow se posiciona como el servicio de televisión paga más popular.

En términos económicos, la convivencia de múltiples plataformas representa un gasto significativo. Se estima que un usuario que combina la televisión paga tradicional con una o dos plataformas bajo demanda y un paquete de contenidos deportivos llega a destinar entre $80.000 y $100.000 mensuales. Por su parte, quienes optan por migrar íntegramente al entorno digital invierten un promedio de $20.000 por cuenta activa al mes, recurriendo en ocasiones al uso de herramientas tecnológicas como VPNs para acceder a bibliotecas internacionales o reducir costos de contratación.

La fuerza de los deportes y el fenómeno de los canales nativos 

A la hora de elegir una plataforma de pago, el público argentino otorga prioridad a aquellas que incluyen transmisiones deportivas en vivo dentro de su catálogo. En el plano internacional, gigantes como Netflix —que se mantiene al frente de las preferencias—, Disney+ y Amazon Prime Video encabezan las contrataciones de cine y series.

Paralelamente, el mercado local experimenta una fuerte presencia de los canales nativos de streaming que transmiten en vivo a través de plataformas abiertas. Proyectos como Luzu TV, Olga, Blender y Bondi Live consolidaron audiencias masivas gracias a una grilla variada de entretenimiento, actualidad y programas conducidos por figuras reconocidas, sustentados enteramente por pautas publicitarias.

Competencia encarnizada en un mercado masivo 

De acuerdo con registros del Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM), existen cerca de 85 millones de suscripciones activas sumando los distintos servicios de televisión en el país. Las cifras del organismo muestran que la caída en la contratación de cable tradicional durante los últimos cinco años ha sido sumamente leve, resistiendo el avance digital.

Por su parte, los servicios de streaming contratados ya alcanzan al 65% de la población activa. Aunque la televisión tradicional conserva la ventaja del contenido en vivo masivo y constante, el streaming se impuso mediante el consumo on demand, permitiendo a los usuarios elegir qué ver y en qué momento. En definitiva, la televisión argentina no destruyó su modelo anterior, sino que se reconfiguró en un esquema donde la diversidad de pantallas y la gestión del presupuesto familiar definen qué se mira cada día.


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