La disputa entre Estados Unidos y China por el liderazgo en inteligencia artificial volvió a quedar expuesta durante el fin de semana, cuando ambos mandatarios expusieron visiones opuestas sobre cómo debe desarrollarse la tecnología que consideran decisiva para el equilibrio de poder global. Donald Trump insistió en que su país debe conservar la delantera frente a Beijing, mientras Xi Jinping llamó a una mayor apertura y a construir reglas comunes para gobernar los sistemas más avanzados.
Trump remarcó que Washington lidera hoy la carrera y que su prioridad es sostener esa diferencia, al considerar que el país que se imponga en inteligencia artificial obtendrá una ventaja estratégica decisiva. Al día siguiente, durante un discurso ante líderes del Sur Global en India, Xi propuso fomentar el desarrollo abierto, la colaboración entre países y avanzar hacia un pacto internacional de gobernanza para la tecnología, aunque no precisó los términos de ese eventual acuerdo.
Restricciones, acusaciones y una industria china en ascenso
Las diferencias entre ambas potencias no se limitan al discurso. Estados Unidos mantiene restricciones a la venta de procesadores avanzados a empresas chinas, con el argumento de frenar su capacidad de entrenar modelos de última generación, y agencias federales como el FBI, la Agencia de Seguridad Nacional y la de Seguridad de Infraestructura y Ciberseguridad acusaron recientemente a firmas chinas de robo tecnológico a gran escala. Compañías como Anthropic y OpenAI también sostienen que desarrolladores chinos utilizaron resultados de sus propios modelos para entrenar sistemas rivales, una práctica conocida como destilación, y Anthropic reportó intentos de actores vinculados al gobierno chino de usar sus herramientas con fines de vigilancia y desarrollo de armamento.
China rechaza esas acusaciones y las enmarca dentro de lo que describe como una política de contención estadounidense. Pese a haber estado rezagada durante años, la industria china aceleró su desarrollo a partir de la irrupción de DeepSeek, cuyo modelo logró un rendimiento cercano al de los sistemas estadounidenses con muchos menos recursos de cómputo, según trascendió en su momento. Detrás de esa empresa, laboratorios como Alibaba, Z.AI, Minimax y Moonshot presentaron desarrollos propios que hoy compiten de cerca con los de Anthropic y OpenAI.
Voceros y funcionarios chinos, entre ellos el portavoz de la cancillería Guo Jiakun y el ministro de Seguridad del Estado Chen Yixin, cuestionaron lo que definieron como prácticas hegemónicas de Washington —listas de sanciones, controles tecnológicos y ecosistemas cerrados— y sostuvieron que esas medidas fragmentan a la industria mundial de la inteligencia artificial. Medios estatales chinos también salieron al cruce de los pedidos de moderación en el desarrollo de la IA formulados por ejecutivos de empresas como Anthropic, a los que calificaron de excusa geopolítica.
Poca expectativa de un acuerdo de fondo
La inteligencia artificial será uno de los ejes centrales de la próxima cumbre entre Trump y Xi, prevista para el 24 de septiembre en Washington, según confirmó el propio Trump. El encuentro será la continuación del diálogo que ambos líderes mantuvieron en mayo en Beijing, cuando ya habían abordado el tema sin resultados concretos. Según trascendió, el Ministerio de Comercio chino informó que los dos gobiernos acordaron abrir un diálogo intergubernamental específico sobre la materia, aunque la desconfianza mutua reduce las expectativas de que se traduzca en compromisos firmes.
El principal obstáculo sigue siendo la falta de confianza recíproca: Washington teme que una mayor cooperación fortalezca las capacidades militares y económicas chinas, mientras Beijing sostiene que Estados Unidos utiliza el argumento de la seguridad nacional para frenar su ascenso tecnológico. Sectores oficialistas chinos plantean además que, antes de negociar cualquier marco común, debería exigirse a las empresas estadounidenses de IA que cumplan las mismas normas que eventualmente se acuerden a nivel global.