Opinión 1 de agosto de 2026
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La política de los gestos: Catalán con “El Jefe”, Campero aislado y… ¿La grieta peronista?

Jaldo fijó el 9 de mayo como el día de la verdad electoral. Hasta eso, el posicionamiento, las lecturas, los gestos y las especulaciones, dominan el campo de disputa. Catalán, Campero, Jaldo, Manzur y una carrera de resistencia a la que le quedan 280 días.

Photo of author Escribe: Enzo Ferreira

Terminó el mundial, se oficializó el cronograma electoral y el 9 de mayo se transformó en la meta política que los cuatro corredores principales buscan alcanzar. El parate deportivo sirvió para rever estrategias, tomar aire y prepararse para la parte más dura del camino comicial. 

Tucumán renueva sus 347 cargos electivos el año que viene y el escenario político se polariza cada vez más entre dos fuerzas dominantes con liderazgos claros: el Partido Justicialista con Osvaldo Jaldo y La Libertad Avanza con Lisandro Catalán. Sin embargo, dos actores de menor peso -pero con idénticas pretensiones- asoman en la escena y comienzan a buscar la fragmentación del justicialismo rector de la provincia (jaldismo) y la real alternativa de poder (LLA). Estamos hablando de Mariano Campero y Juan Manzur. 

El primero quedó huérfano del radicalismo, el amadrinamiento de Patricia Bullrich no le fue suficiente para posicionarse como referente libertario y tomó la bandera de su partido “Cambia Tucumán” para embestir contra la fuerza mileísta; por su parte, Juan Manzur parece ser el estorbo más grande que tienen en el PJ provincial, en los pasillos de Virgen de la Merced 157 se dice que Jaldo está dispuesto a “sacrificar” 5 puntos con tal de decretar la jubilación política del ex gobernador. 


Catalán, Karina Milei y “Lule” Menem: el triángulo que fortalece a La Libertad Avanza Tucumán y diluye al camperismo

A pesar de los intentos y los esfuerzos de distintos actores opositores para generar confusión, en Tucumán siempre el “bendecido” fue el presidente de La Libertad Avanza en la provincia. A todas las incógnitas que se generaban en torno a la cúspide libertaria de Tucumán se encargaron de responderlas Javier y Karina Milei. 

El 8 de julio fue una fecha clave, cuando el presidente se envolvió en un abrazo con el tucumano al visitar la provincia en vísperas del Día de la Independencia. Otro gesto que echa por tierra las pretensiones del radical Mariano Campero fue el de este viernes 31 de julio, día en el que el dúo decisor compuesto por “El Jefe” y “Lule” Menem, sentó en su mesa a Lisandro para comenzar a diagramar la estrategia electoral de cara al año que viene. 

Con un armado fuera de lo tradicional que conjuga mesas técnicas, equipos territoriales no convencionales y una fuerte militancia digital, LLA Tucumán busca patear el tablero con Catalán como principal figura, acompañado de sus únicos tres políticos electos: Federico Pelli, Gerardo Huesen y Soledad Molinuevo. 


Apropiación del mileísmo no, operación desgaste activada: los movimientos del aislado Mariano Campero


Al igual que Ricardo Bussi en su momento, Campero buscó adueñarse de la figura de Milei, con intención de que esto lo impulse como líder libertario provincial, despojándose de sus raíces en la Unión Cívica Radical y sus vínculos dentro de ese espectro cambiemita (que hoy tampoco lo ve con buenos ojos). Afirmado sobre la figura de Bullrich, el ex intendente de Yerba Buena intentó utilizar esa vía para una mejor ubicación dentro del espacio opositor, empero no contempló que la lapicera siempre estuvo en manos violetas. 

Un error muy común que se repitió dentro del camperismo fue confundir el apoyo a un plan de gobierno dentro del parlamento con el liderato de un espacio ajeno. Campero es un implosionador serial de relaciones políticas y esos gestos lo llevaron al aislamiento, donde los puentes fueron dañados y Cambia Tucumán quedó ilustrada como una isla yerbabuenense con riesgo de ser tomada por un extranjero. 

Los constantes ataques a las figuras de Catalán y Pelli por parte del diputado radical, el intendente de YB Pablo Macchiarola y otros actores de menor relevancia que pertenecen a Cambia Tucumán, solo muestran debilidad y desesperación. La confrontación clara e ideológica parece estar entre el peronismo y el mileísmo, del cual Mariano quiere formar parte y cambiar su bandera una vez más. Dinamitados los puentes con Silvia Elías, José Cano y otros dirigentes radicales de peso; habiendo traicionado la “alianza” que nunca fue con Fuerza Republicana en 2021; y entregándose al mileísmo nacional con intención de tomar el espacio provincial (de mala manera), Campero se aisló a él mismo y a su círculo a poco mas de 9 meses de las elecciones. 


Muerto José, ahora el puñal va por Juan



El peronismo tucumano se caracteriza, hace varios años, por tener más de un frente interno. El nacimiento de la triada José Aperovich, Juan Manzur y Osvaldo Jaldo, tenía pies de barro. Tres políticos que gozaban de capacidades políticas propias de un tahúr eran incompatibles con el paso del tiempo. Mismas ambiciones, misma capacidad de daño, misma manera de manejar el poder y mismos fantasmas. El condenado Alperovich fue el primero en recibir un puñal en la espalda por aquellos que se movían como laderos suyos dentro de un sólido PJ tucumano; el cual se llevaba puestas las elecciones desde 2003 en adelante. 

En 2015 Manzur ganó la gobernación y José terminó su unicato de 12 años. El “Zar”, como lo apodó el periodista José Sbrocco en su libro biográfico, evidentemente había perdido poder, y su sucesor decidió, desde el sillón de Rivadavia, que su independencia política fuera de ahí en más el pilar fundamental de su carrera. En 2019 el peronismo dejó un antecedente que nos hace escudriñar el tablero actual con mucha atención, usando aquel año como ejemplo más inmediato y similar al contexto actual. Un Justicialismo dividido entre quienes apoyaban la vuelta del jefe vencido y otros que se encolumnaban detrás del lider actual, por aquel entonces Alperovich y Manzur. Idéntico es el caso de hoy en día, donde el jefe vencido es Manzur y el patrón justicialista del momento es Jaldo. 

En 2019 Alperovich salió con su lista alternativa llamada “Hacemos Tucumán”, con la cual obtuvo 114.956 votos (11,62%) quedando en el cuarto lugar y muy lejos del primero, perteneciente a la formula Manzur-Jaldo que ostentó 512.853 votos (51,86%). En aquel entonces, la lectura del manzurismo fue la misma que hoy hace el jaldismo: “Estamos dispuestos a prescindir de un porcentaje de votos con el único fin de jubilar al jefe vencido”. La mirada alperovichista es idéntica a la que realizan en estas horas los compañeros del riñón más cercano al ex ministro de Salud de la Nación, quienes sostienen que “van a salir por fuera sin importar el daño que se genere en el actual Gobierno”. 

Mientras el mandatario tucumano busca meter por los ojos una unidad holográfica posando con Rossana Chahla y Miguel Acevedo, los gestos políticos dicen otra cosa. La remoción de Ana Escobedo como apoderada del PJ tucumano para el ingreso de Pedro Cruz, hombre de Sergio Mansilla, generó revuelo interno y desconfianza, más aún para aquellos que creen más en las acciones que en los dichos, tal como lo dicen los peronistas citando a Juan Domingo Perón: “La única verdad, es la realidad”. Esa realidad también señala que el ex Jefe de Gabinete aceleró su campaña en Yerba Buena, donde congregó a dirigentes afines y mantuvo encuentros con sectores disidentes de ATE y dirigentes de la Juventud Justicialista, movimientos que encendieron las alarmas en el oficialismo provincial.

Tampoco pasan desapercibidas las declaraciones del ex legislador y defensor del Pueblo, Fernando Juri Debo, quien aseguró que habrá dos frentes peronistas. “Está decidido. Con mis 73 años de edad y 50 y tantos años de militancia es la primera vez que me duele el peronismo. Me duele porque lo que estamos viendo hoy en Tucumán no es peronismo”, disparó en el streaming Enterate Play. Ni hablar del antecedente de 2021, donde la dicotomía Jaldo-Manzur agrietó y dañó fuertemente al perosnimo. 



Lejos de un escenario dividido en cuatro partes iguales



Más allá de que se avizoran cuatro candidatos principales, las fuerzas de los disidentes internos es mucho menor; no así inofensiva. Si bien dentro del jaldismo estiman que Juan Manzur puede rascar entre 5% y 7%, se ven gobernando en 2027. La subestimación al sello libertario es similar a la del 2025, donde se hablaba de un 3-1 en favor del PJ. Sin embargo, la fragmentación parece marchar en serio, y ambos bandos están dispuestos a pagar los costos de ir separados, lo que no deja de encender algunas alarmas en Casa de Gobierno, más aún cuando llegan mediciones recién salidas del horno donde Catalán y La Libertad Avanza mejoran considerablemente. 

Por el lado de LLA hay grandes expectativas. La fuerza del sello, los números de las encuestas y el poco poder de daño de Cambia Tucumán, hacen que -ante un peronismo dividido- se abra la posibilidad de terminar con la hegemonía justicialista. A diferencia de otros espacios opositores que carecían de liderazgos propios, la dirección de Catalán es indiscutida y esto lo hace caminar a paso firme. 

Los dos actores restantes saben de sus desventajas, pero quieren acrecentar su poder de daño lo máximo posible para utilizarlo como moneda de cambio en un juego de suma cero, tal y como lo es la política, utilizando la lógica de “lo que gano, lo pierde el partido que pesca en m misma pecera”.

Pasan los días, las horas y el cronograma electoral corre con fuerza. La rosca no se detiene, las encuestas se venden como pan caliente, las estrategias, los gestos y los hechos políticos toman cada vez mayor relevancia. Comenzó agosto y los plazos ya están marcados, ahora solo queda trabajar, estudiar y jugar el juego de ajedrez. 

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